Szifron va sin tilde. Como muchos apellidos desafía las reglas de la ortografía. “Lo escriben tanto con acento que voy a tener que cambiármelo como nombre artístico”, bromea Damián mientras toma un café que se preparó él mismo en la productora. Su apellido volvió al ruedo con la fuerza guardada durante ocho años, que no fueron para nada sabáticos.  Fueron años de “introspección y trabajo a puertas cerradas”. La mente de Damián no para de generar ideas, de noche, de día, en cualquier lado. Esas ideas no se pierden, sobre todo cuando “algo está pidiendo pista”, las escribe o toma nota de ellas en grabadorcito que lleva con él. 

“No puedo tener la torpeza de no darle su lugar, sobre todo a esta altura del partido y después de haber hecho otras cosas y después de haber dedicado años a escribir. Valoro mucho lo que aparece, nunca pienso que no es nada, cuando un pensamiento insiste y lo ves, lo sentís, lo pensás, te reís… confío en mí como espectador si hay algo que estoy imaginando y me gusta, digo: ‘acá hay algo, en esto vamos a trabajar’”, revela Damián. Algo de esas ideas que aparecen y buscan pista sucedió con su última película “Relatos salvajes”, que se va a estrenar el 14 de agosto en los cines locales. El bautismo del filme se dio en la glamorosa pantalla de Cannes, donde fue aplaudida por el público de pie durante diez minutos. 
 
-Estuviste ocho años fuera de la pantalla, ¿cómo vivís este estreno?
 
-Es todo un evento, el estrenar, el mostrar aquello que estuviste pensando genera expectativa, tensión, mucho deseo también. Así que lo transito con alegría, obviamente que tenemos el bautismo de haber estado en Cannes.
 
-¿Te decepcionó no haber recibido la Palma de Oro?
 
-No, para nada. Es una película cuya naturaleza no es la de estar en un festival así, es una película que puede establecer una relación con una audiencia más bien masiva y no solés ver ese tipo de proyectos en el Festival de Cannes. 
 
-¿Pensaste en tu papá Bernardo en ese momento?, porque se la dedicaste a él. Hace poco que murió.
 
-Y sí, se la dediqué, pero pienso en mi papá todos los días de mi vida. Sí, porque me conecta con él todo lo relativo al cine, así que está omnipresente.
 
-A tu papá le encantaba narrar. ¿Él era tu testeador de guiones?
 
-No, porque no se los daba a leer antes, él quería ver la película entera. Pero bueno, compartimos muchas aventuras en relación al cine, fue mi guía. El hecho de que yo me dedicara profesionalmente a esta actividad es fruto del enorme placer que yo sentí como espectador mayormente al lado de él, durante toda mi infancia y adolescencia. Ir al cine era algo sagrado, porque era puro placer, no existía la exigencia en torno a que yo me tenía que dedicar a eso, o que me estaba educando para..., el objetivo era ver las películas y disfrutar de las películas.
 
 
-¿Es lo que querés que la gente haga ahora con las tuyas?
 
-Qué es lo que quiero y es lo que quiero hacer yo. En un punto yo tengo muchas fantasías con volver a ser un espectador. Espero que no me suceda porque me va mal en la actividad, como una especie de retiro involuntario. Pero extraño mucho ser un espectador de cine y nada más, que mi relación con las películas sea mirarlas y no sólo hacerlas. Eso lo extraño porque era una especie de templo ir al cine, era una actividad sublime. 
 
El país de la infancia. Para el chico que nació en Ramos Mejía, el 9 julio de 1975, ir al centro a ver películas era el mejor programa imaginable. Mucho más que ir al potrero. Una salida que religiosamente se hacía una y hasta dos veces por semana. Allí sentadito en la butaca, junto a su papá Bernardo, la vida se tornaba muy feliz y a veces tanto que se perdía la línea que dividía lo real de lo imaginado. “Entiendo perfectamente por qué para un chico puede ser maravilloso, porque es un medio muy potente, tremendamente expresivo y que te genera un nivel de empatía y conexión con mundos ajenos pero que a la vez son propios, de alguna forma muy directa. Te expande el horizonte de lo que es la realidad”, dice Damián. Es el mayor de sus hermanos, le siguen tres mujeres. 
 
Su papá no sólo disfrutaba viendo cine, también era una aficionado del Súper 8. “No filmaba películas de ficción pero le gustaba hacer películas con nosotros, entonces mi casa estaba llena de cámaras, moviolas, pantallas, crecí en ese ámbito”, cuenta. No es extraño que a los 12, en el verano del ’86, filmara su primera experiencia cinematográfica. “Fue con una JVC  VHS compacta, es la misma cámara que usa Michael Fox en ‘Volver al futuro’”, aclara. Cuando arrancó el secundario en la ORT, se las arreglaba para entregar los trabajos prácticos como cortometrajes. 
 
“Habíamos leído ‘La letra escarlata’ y en vez de hacer una monografía entregaba en una versión filmada una adaptación de ese libro, cualquier excusa servía para que yo filmara”, cuenta Szifron, quien buscaba entre sus amigos y propia familia los actores para esos cortos.
 
 -Te criaste en Ramos Mejía, eras un pibe de barrio pero no asiduo del potrero…
 
-No iba al potrero, porque era pésimo jugando a la pelota. Aunque hice otros deportes como futbolista soy inexistente, como espectador de fútbol soy muy poco calificado como para opinar. Soy de Boca, pero para mí el fútbol no implica una gran pasión. Pero sí tengo muchos recuerdos de la infancia de Ramos Mejía, conservo amigos de la infancia, a través de Facebook me he reencontrado con esos amigos, cosa que disfruté mucho, mucho. Soy muy nostálgico, no en el sentido de lamentarme, me la paso recordando mi infancia. Me encanta evocar, recordarla.
 
-Siempre hablás de la relación con tu papá. ¿Cómo es la relación con tu mamá Marcela?
 
-Tengo muy buena relación con mi mamá.  Sí, a veces es verdad que habló mucho de mi papá. Mi mamá es una persona extremadamente lúdica que, además, se dedicó de una forma muy generosa a cuidar y criar a sus hijos, yo la pasé extremadamente bien durante mi infancia. Si bien con mi papá compartía el placer por el cine, iba también mucho a la juguetería con ella  y mi mamá me hacía las capas del Zorro y pasaba muchísimas horas dibujando, pintando, ella fue maestra. 
 
-Tuviste a tu primera hija Rosa hace 5 años, hace muy poquito nació Eva, ¿cómo ejercés la paternidad?
 
-Disfruto ser padre enormemente, me generó una expansión en la percepción de la realidad muy importante, me siento mucho más libre al ser padre. Porque capaz que un varón imagina al matrimonio y la paternidad como algo que le pone fin a una determinada libertad. Ideas que uno tiene en la cabeza y de pronto no, el ejercicio de la paternidad me liberó muchísimo. Soy mucho más yo mismo a partir de ser padre. Y además, me gusta más cómo distribuyo mi tiempo, me conectó con cosas que obviamente son muy codiciadas. En algún punto, cuando tuviste una infancia muy feliz, la gran cantidad de cosas que hacés es para regresar de alguna forma a ese lugar idílico que representa tu infancia. 
 
-¿A tu hija Rosa ya la llevás al cine?
 
-Sí, sí. La llevo al cine, vemos muchas películas. Yo le voy comprando películas, le encantan las películas de los años ’50, por ejemplo, “El globo rojo”, le encanta, o “Mary Poppins”, “El corcel negro”, películas que para mí fueron significativas.
 
-¿Seguirán tu pasión con el cine?
 
- Yo desearía que mis hijas elijan el camino de ellas. Sí hay algo que yo les quiero transmitir y es cuánto yo disfruto de hacer lo que hago; me encantaría que ellas encontrarán en la actividad que elijan el disfrute que yo siento en la mía. Pero de ninguna manera marcar un legado que repitan, cosa que me parece difícil porque de alguna manera me van a ver disfrutar mucho de la actividad.
 
 
Haciendo cine.  Podría suponerse que en todos estos años de trabajo constante estaba centrado sólo en dar vida a esta nueva producción. Pero no. “Relatos salvajes” fue un proyecto involuntario que surgió como historias cortas que pedían pista propia con mucha fuerza, colándose entre otros proyectos largometrajes, y a las cuales Szifron “atacaba” con la misma pasión con que aparecían. 
 
Fueron varias, y de ésas eligió seis para contar en la pantalla. Seis relatos protagonizados por Ricardo Darín, Oscar Martínez, Leonardo Sbaraglia, Érica Rivas, Rita Cortese, Julieta Zylberberg, Darío Grandinetti, Nancy Dupláa y María Marull (su esposa). Todos ellos, en algún momento pierden el control, estallan, reaccionan y llevan las situaciones hasta las últimas consecuencias. “Todos los mortales alguna vez tuvimos una reacción, tuve algunas y muchas las imaginé. Lo que no tengo duda que en algún momento fantaseamos con tomar el toro por las astas o responder a una agresión o hacer valer tu lugar. Todos padecemos enormemente el costo anímico de reprimirnos.  Para el autor es una experiencia de forma catártica, vos disfrutás de liberar a tus personajes en las zonas donde vos no llegás a esa liberación, y si las cosas salen bien es un ejercicio placentero para el espectador”, asevera Damián. La película es una coproducción hispano-argentina a cargo de las productoras El Deseo y K&S Films.
 
 -Varias veces mencionaste tus enormes diferencias con el capitalismo. En “Relatos salvajes” te despachaste con las peores aristas de la sociedad actual: la venganza, la violencia, la doble moral, por mencionar algunas. 
 
-En relación al capitalismo te puedo decir lo mismo que pienso de las situaciones desagradables de la vida de una persona, obviamente que tomo como referencias de la mía. Es como que cuando llegás a un punto en que te sentís libre, te dedicás a lo que te gusta y, de alguna forma u otra, estás orgulloso de las cosas que hiciste y cómo las hiciste, te das cuenta de que todo sirvió para llegar hasta acá. Y soy respetuoso y valoro aun las experiencias que en algún momento me hicieron sufrir. 
 
-¿Por ejemplo?
 
-En términos de la humanidad te puedo decir que el capitalismo dio muchas cosas y muy buenas, yo no sé si determinadas patentes medicinales que tenemos hubieran surgido porque hay un laboratorio que quiere tener un rédito y entonces invierte en investigación, no sé si grandes películas que me encantan existirían si no hubiera un estudio como Paramount detrás para hacer un proyecto al que vayan muchos espectadores. Lo que sí siento es que, como contracara de eso, hay muchísimas cosas que son tremendas, injustas, ridículas, que benefician a muy pocos y de las que ya nos podemos empezar a desembarazar. Obviamente, al capitalismo hay que observarlo y utilizarlo, básicamente porque existe, pero creo que podemos ir a un estadio muy superador y recuperar ideas de otros sistemas que de pronto se dejaron de lado, que nos harían muchos más libres como personas y como sociedad.
 
-¿Qué sistemas?
 
-Bueno, muchos de ellos, el comunismo es uno. Muchas veces para oponerse al comunismo dicen: “no funcionó”. Porque haya dos puestas horribles de Romeo y Julieta, no significa que la obra es mala, puede haber una tercera y una cuarta horrible, pero de pronto puede haber un director que comprenda su esencia y haga una gran puesta. Lo que vimos son malas versiones o mal llevada a la práctica, o con cosas para corregir, pero sí siento que así como se puede esgrimir que el capitalismo responde a determinada conducta humana agresiva, de la supremacía del más fuerte y que entonces es natural ese sistema para la especie. Yo creo que el hombre también es colaborativo, contemplativo, generoso, apunta al bienestar, pienso que el hombre tiene un montón de cosas que el comunismo refleja como sistema. 
 
-¿Cómo ves la Argentina hoy?
 
-A mí me importa el mundo y la especie humana, no exclusivamente la Argentina. Obviamente uno tiene su corazón acá, su vida, mi familia acá. Pero el concepto de somos los mejores del mundo y la Argentina tiene que triunfar por sobre los países de Latinoamérica o es un país europeo, no me siento tan cómodo con esa imagen. Aun cuando me encanta mi tierra. Entonces me parece que cualquier tipo de evolución tiene que estar vinculada a encontrar un lugar adecuado dentro del contexto general y a contribuir a ese contexto. 
 
-¿Qué postura tenés ante la discusión sobre qué debe contar el cine?
 
-Hay mucha discusión en relación a qué debe ser el cine y qué debe contar o narrar. El cine argentino, el cine industrial, el cine de autor, el cine art, etcétera. Muchas discusiones se producen en torno a si el cine tiene que ser más bien forma o más bien contenido. Lo sublime del cine es cuando se reúnen las dos cosas, ahí se producen las películas que a mí me cambiaron la vida y que significan claramente una modificación en la forma que yo veo la realidad, como si fuera un filtro que queda en tu imaginación a través del cual te conectás distinto con la cotidianidad, para mí las películas te modifican verdaderamente.
 
-¿Crees que puede cambiar la vida de una persona una película?
 
-Yo no tengo duda, de hecho si hago el ejercicio de pensar qué persona sería yo sin las películas que vi, no sé quién sería, un oficinista, o una persona... no tengo la menor idea de quién sería. Yo existo porque fui modificado por las películas que vi. Y hago las cosas que hago, o vivo la vida que tengo de una forma que está directamente conectada a ellas, creo que tendría otra mujer, no sé si sería padre... Me resulta inconcebible pensarlo, por supuesto que te modifican.
 
-¿Qué pensas cuando te califican de “outsider” del nuevo cine argentino?
 
-Qué sé yo, se dicen cosas..., ni lo afirmo, ni no lo desmiento. Yo hago mis cosas de la forma en que creo que hay que hacerlas con honestidad y con mucho trabajo. Persigo las ideas que van apareciendo y lo hago con todo lo que tengo, eso me deja bastante tranquilo. No hago nada por pertenecer a algún grupo, ni hago nada para dejar de pertenecer a alguno. Hay cosas que pegan en el palo de ser un insulto dicho por alguna gente, “es un director de cine industrial”. Bueno, yo podría decir que voy a hacer una película para que no digan esto. No, yo hago las películas como creo que hay que hacerlas, como sé hacerlas y cómo me gusta ver. Hago el cine que me gusta ver.
 
-¿Ves cine nacional?
 
-No te puedo decir que veo todo. Pero, en ese sentido que sea nacional o no,  me parece que la jurisdicción en el arte tiene que ser mucho más amplia, de los libros, de las películas, las cosas. Eso no tiene fronteras. A mí me interesa ver buenas historias narradas con imaginación, creatividad  y con pasión.
 
-¿Cómo sentís este presente de cineasta consumado?
 
-Se requiere mucha honestidad para enfrentarte a un destino y poner las cosas en su lugar. Mucha gente habla del cine como algo maravilloso, pero yo también veo mucha gente sufriendo por hacer cine y veo también a muchos directores que en el fondo yo siento que no les gusta eso.  Hoy, estoy en una posición, gracias a Dios, que es muy satisfactoria en relación con lo que yo me prometí o me deseé en el pasado, te diría que superó mis expectativas. Ya conservarla me parece bien. Me siento libre de hacer lo que quiero y como quiero. Estoy en un punto que siento que es saludable mi relación con el cine.  
 
 
La belleza de escribir a mano
 
“Uso la computadora, pero sí es cierto que escribo mucho en papel. Utilizo mucho la hoja, y lápices de colores, dibujo mucho. La primera versión de cada cosa en general la escribo a mano.  A mí me parece una belleza escribir a mano, me gusta la libertad de no tener que estar preocupado porque la computadora se caiga, se rompa, se vuelque un vaso de agua encima, la roben. Andar por la vida sin la computadora, sin preocuparme,  por la misma razón que me gusta a veces no tener auto y andar caminando y no tener que estacionarlo, protegerlo, ni encargarme del seguro, ni si lo rayan, o lo roban. O sea la libertad que te da la falta de elementos de la modernidad. El otro día me llegó una publicidad del banco a casa, y te vendían algo como una tarjeta para gente sofisticada, la tarjeta Milenium Premium… no sé qué cosa, y la imagen que elegían era un lugar agreste con un puentecito de madera y un botecito antiguo. Entonces, es como que en el fondo lo que más codiciamos es que no haya todas las cosas que invaden nuestra sociedad, hoy la riqueza pasa por ir a un lugar donde no hay nada, el hotel boutique es una cabañita de madera en el medio de la nada de la civilización.
 
 
Los Almódovar
 
“Fue una unión muy fructífera, fue un encuentro muy exitoso. Agustín y Pedro Almodóvar vieron ‘Tiempo de valientes’ y eran bastantes fans de la película y me lo hicieron saber.  Yo respeto mucho a Pedro como director y a El deseo, como productora. Hay que ser muy generoso como productor, y un director productor, más generoso todavía, poner a disposición todo lo que vos aprendiste, la gente con la que trabajaste, hay que tener realmente generosidad y ellos hicieron la primera película de Del Toro, de Amenábar, de Alex de la Iglesia.”
 
 
Los Simuladores 
 
“Creo que vamos a hacer algo en algún momento, yo creo que sí. Es un mito que mantengo vivo porque me parece que sería muy bueno que haya una buena película o una tercera temporada. Muchas veces pienso que quizás sería más natural una tercera temporada. Pero pasó tanto tiempo desde que salieron las primeras temporadas que me parece que lo que se haga tiene que tener el carácter de proyecto nuevo. Visto hoy, pensando hoy en un contexto nuevo, de ninguna manera lo que se haga a partir de ahora es un cierre de lo que se hizo antes.”